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Durante centenares de millones de años, la naturaleza ha mantenido un sistema automático de retroalimentación que ha mantenido ajustado perfectamente el nivel del dióxido de carbono (CO2) en nuestro planeta. Sin embargo, las actividades humanas han producido tasas tan altas en las emisiones de CO2, que, el bien engrasado mecanismo natural de ajuste, ha sido rebasado en su capacidad reguladora.
Expertos de la Universidad de Hawai y del Instituto Carnegie han encontrado relaciones entre la estabilidad anterior a la civilización humana y ciertos lazos entre la descomposición mineral en la corteza terrestre y el dióxido de carbono atmosférico.
Ken Caldeira y Richard Zeebe, a través del análisis del CO2 atrapado en las muestras de gas de cilindros de hielo extraídos en la Antártida, a profundidades que se datan hasta los 610,000 años de antigüedad, complementados con información geoquímica de los sedimentos del fondo oceánico han logrado construir un modelo del proceso de la reabsorción del CO2 (liberado en la atmósfera por los volcanes y otras fuentes naturales) en el subsuelo a través del reciclaje de minerales que contienen carbono.
Se ha encontrado que existe una relación directa entre la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera y la velocidad de las reacciones químicas que descomponen minerales de silicatos en el subsuelo; es decir, a mayor cantidad de CO2 en la atmósfera, mayor aceleración en dichas reacciones.
Unos de los más interesantes productos de las reacciones químicas descritas, son los iones de calcio que, disueltos en el agua, son arrastrados hacia el mar por los ríos. Pues bien, estos iones de calcio son utilizados, por ejemplo, por moluscos que los combinan con el dióxido de carbono (disuelto en el agua) para formar el carbonato de calcio que componen sus conchas, ayudando, con esto, a restaurar el equilibrio.
Los científicos han demostrado que este equilibrio natural, con desviaciones que no varían más allá del uno o dos por ciento, se ha mantenido por centenares de miles de años, lo que los ha llevado a descubrir la presencia de un mecanismo natural de regulación del CO2 en nuestro planeta, manteniéndose con ello un termostato regulador del clima en la tierra, bastante saludable.
El elevado consumo energético que soporta el avance de la civilización humana, aunado con el alto desgaste de los bosques, han incrementado unas cien veces la velocidad de emisiones de CO2 hacia la atmósfera, comparada con las emisiones de volcanes y fumarolas hidrotermales. Por lo tanto, aunque, el mecanismo natural para su reabsorción al subsuelo, (¡Júrelo Usted!) está trabajando a “todo vapor”, su “capacidad instalada” ha sido rebasada y la carrera para el restablecimiento del equilibrio, se está perdiendo.
Sin embargo (también puede jurarlo Usted), a la larga (aunque tarde miles de años), con o sin nosotros, el equilibrio será restaurado por el planeta; es decir, si le ayudamos y le “bajamos al consumo” o, mas bien, a la producción de gases invernadero, el equilibrio será restaurado con nosotros (la humanidad); pero si no le ayudamos, el planeta, probablemente nos desechará y restablecerá el equilibrio por sus propios medios y, con lo que quede de vida, formará nuevas formas y continuará adelante con la evolución.
Lectura recomendada: Before Fossil Fuels, Earth’s Minerals Kept CO2 in Check (http://www.ciw.edu/news/fossil_fuels_earth_s_minerals_kept_co2_check)
Salud
Valram
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domingo, 2 de noviembre de 2008
Ciencia y Tecnología. El calentamiento global rebasa la regulación natural atmosférica del CO2
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Ciencia y Tecnología. La carrera armamentista es prehistórica
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En la universidad de Missouri, un grupo de arqueólogos descubrieron que durante la prehistoria, miembros de las tribus de la Edad de Piedra, se dedicaron a la investigación experimental con el objetivo de buscar perfeccionar el funcionamiento del arco y la flecha, produciendo una gran variedad de puntas buscando una óptima combinación.
Antes de la invención del arco y la flecha, existían, en América del Norte, dardos y lanzas, estas últimas lanzadas, además de “a mano”, a través de un artilugio especial, parecido a una honda, que les daba mayor alcance.
Hace alrededor de 1,500 años, la aparición del arco y la flecha, motivó la búsqueda de ideas y tecnología innovadora para su perfeccionamiento, ya que el sistema necesario para arrojar las flechas, el arco, era más sofisticado de lo conocido hasta entonces. Es decir, no se podía lanzar un dardo ni una lanza con el arco.
Los elementos como el asta y el proyectil tuvieron que ser reinventados y adaptados para que la utilización del arco como lanzadera, pudiera dar mejores resultados.
Como se supone que las leyes de la dinámica de vuelo y la mecánica de la flecha no eran totalmente entendidas, los investigadores de entonces, tuvieron que producir toda la variedad y opciones de formas, materiales y tamaños que se les ocurrían para, en base al ensayo y error, seleccionar las que les dieran mejores resultados.
Este proceso de selección está de manifiesto con las evidencias arqueológicas de un repentino incremento en la cantidad y variación de las puntas de flecha, con lo cual se establece claramente el período de transición entre la honda para el lanzamiento de lanzas, y el arco y la flecha.
Según R. Lee Lyman, del Departamento de Antropología de la Universidad de Missouri, la evidencia arqueológica de la etapa de experimentación está claramente delimitada por la explosión en la productividad de modelos diferentes de proyectiles y la posterior relajación en esta diversidad, al descartarse las puntas menos eficaces, quedando solamente los modelos que mayor efectividad demostraron.
Lectura recomendada: Cutting-Edge Weapons Result of Prehistoric Experimentation (http://munews.missouri.edu/news-releases/2008/0610-lyman-dart-arrow.php)
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Valram
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En la universidad de Missouri, un grupo de arqueólogos descubrieron que durante la prehistoria, miembros de las tribus de la Edad de Piedra, se dedicaron a la investigación experimental con el objetivo de buscar perfeccionar el funcionamiento del arco y la flecha, produciendo una gran variedad de puntas buscando una óptima combinación.
Antes de la invención del arco y la flecha, existían, en América del Norte, dardos y lanzas, estas últimas lanzadas, además de “a mano”, a través de un artilugio especial, parecido a una honda, que les daba mayor alcance.
Hace alrededor de 1,500 años, la aparición del arco y la flecha, motivó la búsqueda de ideas y tecnología innovadora para su perfeccionamiento, ya que el sistema necesario para arrojar las flechas, el arco, era más sofisticado de lo conocido hasta entonces. Es decir, no se podía lanzar un dardo ni una lanza con el arco.
Los elementos como el asta y el proyectil tuvieron que ser reinventados y adaptados para que la utilización del arco como lanzadera, pudiera dar mejores resultados.
Como se supone que las leyes de la dinámica de vuelo y la mecánica de la flecha no eran totalmente entendidas, los investigadores de entonces, tuvieron que producir toda la variedad y opciones de formas, materiales y tamaños que se les ocurrían para, en base al ensayo y error, seleccionar las que les dieran mejores resultados.
Este proceso de selección está de manifiesto con las evidencias arqueológicas de un repentino incremento en la cantidad y variación de las puntas de flecha, con lo cual se establece claramente el período de transición entre la honda para el lanzamiento de lanzas, y el arco y la flecha.
Según R. Lee Lyman, del Departamento de Antropología de la Universidad de Missouri, la evidencia arqueológica de la etapa de experimentación está claramente delimitada por la explosión en la productividad de modelos diferentes de proyectiles y la posterior relajación en esta diversidad, al descartarse las puntas menos eficaces, quedando solamente los modelos que mayor efectividad demostraron.
Lectura recomendada: Cutting-Edge Weapons Result of Prehistoric Experimentation (http://munews.missouri.edu/news-releases/2008/0610-lyman-dart-arrow.php)
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